18
de julio. Una vez más abandonamos la sofocante
ciudad para desconectar en el paraíso que tantos
de nosotros llamamos Pirineo.
La excusa era recorrer toda la cresta del Bachimala pasando
noche en la cima, y desde luego fue inolvidable.
Tras el viaje en coche salimos
del refugio de Tabernés
cargados con nuestras pesadas mochilas y comenzamos la dura
subida hasta Punta del Sabre.
Después de reponer energías, continuamos cresteando
hasta alcanzar el Pico Bachimala.
Fue extenuante por el calor que sufrimos durante todo el
día, pero la recompensa mereció la pena cuando
montamos la tienda en la mismísima cima y una plácida
calma hechizó el ambiente, haciéndonos partícipes
de él.